Empezaré por una cita representativa del libro. Después vendrá un resumen y un análisis de contenido.
DUERMETE NIÑO por EDUARD ESTIVILL
"Por ello, vuestro hijo deberá tomar su desayuno a las ocho de la mañana, la comida a las doce del mediodía, la merienda a las cuatro de la tarde y la cena a las ocho de la noche. La elección de este horario, en el que hemos de ser bastante estrictos, tiene que ver con que el cerebro de los niños está preparado para acostarse entre las ocho y las ocho y media de la noche, ya que el sueño aparece con mayor facilidad a esa hora."Eduard Estivill es el importador de las ideas del americano Richard Ferber sobre entrenamiento del sueño infantil. La base de su filosofía es rutina, constancia y disciplina. El libro describe varias formas en las que el bebé es entrenado para adaptarse a los ritmos de sueño considerados normales para su edad.
“Duérmete niño” es un libro corto, claro y bien estructurado. Desde el primer momento se aclara que está dedicado al treinta por ciento de niños con trastornos de sueño graves. El autor separa entre diferentes estadios de desarrollo y adapta sus técnicas a cada uno de ellos. El índice, las tablas y las ilustraciones facilitan las consultas rápidas, algo fundamental en una obra dirigida a insomnes.
Dedica espacio a todos los miembros de la familia y no sigue la moda de prejuzgar el uso de canguros o guarderías. Pero la filosofía de "es Juanito quien se ha de adaptar a vosotros y no vosotros a él" es poco realista. En cualquier relación humana la adaptación es mutua. La imagen del infante también es irreal. Una de las claves del método es "decir la verdad con toda la calma del mundo", ignorando argumentos contrarios porque el hijo (o "golfillo") es "más listo que el hambre". Pero, por muy listo que sea, estamos comparando un infante dos adultos formados. La probabilidad de que la capacidad de manipulación del niño sea mayor que la de los padres es remota.
Para Estivill, los padres proponen y el niño dispone.
BÉSAME MUCHO por CARLOS GONZÁLEZ
"Se empieza sacando al niño de la habitación y se acaba sacando también al padre. Recapacite, amigo lector, y decida en qué bando le conviene más estar. Cuando le propongan poner al niño a dormir solo, pregúntese quién será el siguiente."Carlos González fue el primer importador de la "crianza con apego", el método de cuidado del bebé del americano William Sears. La base de su filosofía es el contacto físico constante entre madre e hijo, que se considera sinónimo de amor y respeto. El bebé marca los ritmos de la vida familiar, convirtiéndose en su centro. "Bésame mucho" es un compendio de historias y reflexiones que intentan respaldar esta forma de entender la familia.
El estilo de este autor es inconsistente y agresivo.
Cuando González describe lo que considera una crianza correcta, su interlocutor es "querida lectora". Cuando critica, es un "amigo lector". La inconsistencia estilística sigue en páginas de fácil lectura, llenas de anécdotas y ejemplos, pero desnudas de pragmatismo. Esto no sería malo (es más, podría ser muy bueno), de no ser porque él mismo dedica un capítulo entero a criticar a otros escritores por "decir generalidades vacías de contenido con las que cualquiera puede identificarse".
Creo que en una obra que habla de cómo educar desde el amor, el tono imperativo y la sorna quedan fuera de lugar. También choca que la mitad de las páginas se dediquen a atacar posturas contrarias.
Muchas ideas (no reprimirse en las caricias, evitar castigos, etc.) son buenas. Pero un ejemplo no es un argumento. González a veces recurre a comparaciones con comportamientos adultos, otras a una supuesta vida hace cien mil años, a sociedades primitivas o mamíferos. Todo con historias tan sacadas de contexto que un conocimiento muy rudimentario de Psicología, Historia, Antropología o Zoología es suficiente para sentirse absurdamente manipulado, incluso estando de acuerdo con su postura.
Este libro tiene limitaciones muy grandes. No distingue entre las diferentes etapas de crecimiento y la capacidad de comunicar y comprender en unas u otras. Para el autor, todos los lloros parecen tener el mismo tono, la misma importancia, la misma urgencia.
Para González, el niño propone, la madre dispone y el resto del mundo no importa.





