tu voz murmurando.03 agosto 2015
Ensimismado
tu voz murmurando.19 julio 2015
Las leyes del parque
Se acercan las vacaciones. Tiempo de que mi hija Jueves se mezcle con la fauna galaica.
En Escocia, como en todas partes, cada parque tiene sus normas no escritas. Normas que los niños acatan por instinto. Las colas son sagradas, independientemente de la edad del pequeño. Si saben andar, saben guardar cola. No hay gritos (salvo accidente o extirpación prematura del tobogán) y el compañero de juegos se elige más por consanguinidad que edad.
España, para un pequeño recién llegado, es la jungla. Para mí también. Hay una anécdota que ilustra mi preocupación. En las últimas vacaciones en España, Jueves se tropezó con un Gilipollas. Tendría unos seis años (el doble que Jueves) y no es que se saltase las colas, es que disfrutaba apartando a otros niños por la fuerza. Sus ojos destilaban insolencia. Jueves suele ser muy buena resolviendo conflictos, así que al principio le dejé hacer. Pero no encontró antídoto contra el listillo ibérico. Me dirigí al niño y le advertí que tendría que avisar a su madre. El contestó "¿Y si es padre qué?". Me quede sorprendida y le dije que no entendía por qué iba a ser diferente, pero un vistazo al tipo me aclaró la duda. Es de los que cargan contra cualquiera que ose darle trabajo. No me va a hacer caso. Cambié la táctica.
En lo alto del tobogán, el Gilipollas se regodea taponando la bajada. Mi hija me mira. El renacuajo disfruta de antemano nuestra cívica impotencia. Ignoro su mirada y, bien alto, digo a Jueves "No te preocupes, puedes hacerle daño, que este niño es malo". El se gira y se fija en mi pequeña. Espaldas anchas, aleonada melena rubia y mirada impasible. Quince quilos de sólida vikinga. El niño se deslizó por la pendiente y no volvimos a saber de él.
El farol salió bien (ella no le hubiese tocado). La anécdota puede tener su gracia. Pero quedé con mal cuerpo. Porque la malicia mancha, contamina, se pega. Ese día me di cuenta de que exponer a diferentes culturas es, también, exponer a diferentes tipos de suciedad.
En Escocia, como en todas partes, cada parque tiene sus normas no escritas. Normas que los niños acatan por instinto. Las colas son sagradas, independientemente de la edad del pequeño. Si saben andar, saben guardar cola. No hay gritos (salvo accidente o extirpación prematura del tobogán) y el compañero de juegos se elige más por consanguinidad que edad.
España, para un pequeño recién llegado, es la jungla. Para mí también. Hay una anécdota que ilustra mi preocupación. En las últimas vacaciones en España, Jueves se tropezó con un Gilipollas. Tendría unos seis años (el doble que Jueves) y no es que se saltase las colas, es que disfrutaba apartando a otros niños por la fuerza. Sus ojos destilaban insolencia. Jueves suele ser muy buena resolviendo conflictos, así que al principio le dejé hacer. Pero no encontró antídoto contra el listillo ibérico. Me dirigí al niño y le advertí que tendría que avisar a su madre. El contestó "¿Y si es padre qué?". Me quede sorprendida y le dije que no entendía por qué iba a ser diferente, pero un vistazo al tipo me aclaró la duda. Es de los que cargan contra cualquiera que ose darle trabajo. No me va a hacer caso. Cambié la táctica.
En lo alto del tobogán, el Gilipollas se regodea taponando la bajada. Mi hija me mira. El renacuajo disfruta de antemano nuestra cívica impotencia. Ignoro su mirada y, bien alto, digo a Jueves "No te preocupes, puedes hacerle daño, que este niño es malo". El se gira y se fija en mi pequeña. Espaldas anchas, aleonada melena rubia y mirada impasible. Quince quilos de sólida vikinga. El niño se deslizó por la pendiente y no volvimos a saber de él.
El farol salió bien (ella no le hubiese tocado). La anécdota puede tener su gracia. Pero quedé con mal cuerpo. Porque la malicia mancha, contamina, se pega. Ese día me di cuenta de que exponer a diferentes culturas es, también, exponer a diferentes tipos de suciedad.
08 julio 2015
Cuando te contemplo
Cuando te contemplo,
mar,
me hablas de la perfección.
Olas o palabras
llegan hasta mí
rotas por el viento,
recordando el fin.
Energía blanca
de salada espuma,
cabalgando el rizado
de tus mareas bravas,
dibujando el horizonte
de tenue existencia
y salpicando al aire
las veleidades vanas.
Un día iré a ti,
mar,
y cuando asido a tus aguas,
vea la orilla alejar
ya la nada será el sentir.
29 junio 2015
¿Están locos estos griegos?
Los noticieros se desbordan con la situación griega. Leo y me ahogo en información que mana a raudales, pero que cambia de dirección constantemente. He intentado leer los medios tradicionales, esos que dicen que todo lo que venga de Bruselas es maná del cielo. No me entero de qué es lo que quiere Bruselas. Leo los independientes y el mismo analista describe las propuesta helena de formas distintas según el día. Tengo la sensación de estar intentando entender un divorcio donde la comunicación está tan rota que la historia parece diferente según el cónyuge que la relate.
Admiro la valentía del gobierno griego plantándose ante las grandes potencias. Pero no sé si es David frente a Goliat o Don Quijote contra los molinos.
Será que no entiendo de economía, pensé durante mucho tiempo. Pero, de repente ¡referéndum! Osea, que es una situación que todo el mundo en Grecia debería entender lo suficiente como para tener una opinión formada que, además, se contesta con un simple "sí" o "no". Es más, la cosa está tan clara, que la Unión Europea ya pedía que se votase "si" antes de que se supiese cual era la pregunta. Burra que soy. A todo esto ¿Cual es la pregunta? Pues aquí está:
Según el traductor, lo de la imagen significa:
Dos párrafos y anexos en inglés. A lo mejor la respuesta es esta:
Por lo que veo, algunos griegos han interpretado que se les consulta sobre si quieren formar parte de la Unión Europea. Otros han intentado entender la pregunta. La opinión de una de estas últimas personas se resume así:
Lo unico que parece claro es que en la Europa del siglo XIX, Grecia es una nación a la deriva donde los viejos hacen cola para cobrar su pensión.
Me encantaría hacer esto pero ¿Qué significa?
Admiro la valentía del gobierno griego plantándose ante las grandes potencias. Pero no sé si es David frente a Goliat o Don Quijote contra los molinos.
Será que no entiendo de economía, pensé durante mucho tiempo. Pero, de repente ¡referéndum! Osea, que es una situación que todo el mundo en Grecia debería entender lo suficiente como para tener una opinión formada que, además, se contesta con un simple "sí" o "no". Es más, la cosa está tan clara, que la Unión Europea ya pedía que se votase "si" antes de que se supiese cual era la pregunta. Burra que soy. A todo esto ¿Cual es la pregunta? Pues aquí está:
![]() |
| No sé ni alfa de griego, pero tiene dos párrafos. |
Según el traductor, lo de la imagen significa:
"¿Debe ser aceptado el plan que fue propuesto por la Comisión Europea, el banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25-6-2015 y compuesta por dos partes que constituyen su propuesta unificada?
El primer documento se titula 'Reforms to the Completion of the Current Program and Beyond' y el segundo, 'Preliminary Debt Sustainability Analysis'".
El primer documento se titula 'Reforms to the Completion of the Current Program and Beyond' y el segundo, 'Preliminary Debt Sustainability Analysis'".
Dos párrafos y anexos en inglés. A lo mejor la respuesta es esta:
"No sé qué significa decir SI o qué significa decir NO. Si sale el SI ¿El gobierno va a dimitir y convocar nuevas elecciones?¿O firmará todo lo que les pongan delante y se lavarán las manos de lo que pase después?¿De cuanto dinero dispondríamos? Si votamos que NO ¿De dónde saldrá el dinero para pagar sueldos y pensiones?
Somos un país herido y dividido."
Lo unico que parece claro es que en la Europa del siglo XIX, Grecia es una nación a la deriva donde los viejos hacen cola para cobrar su pensión.
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| "Apoya a Grecia" |
20 junio 2015
Salvador Dalí
Esta foto salió el año pasado (mayo) en El País Semanal en
un artículo firmado por Javier Rioyo. Me entusiasma… El
genio abandonado a la ensoñación sobre unos guijarros; con unos cativos de una España pobre y una
despreocupación absoluta de postura y aliño. Sin bigotes, sin pinceles, sin excentricidades,
sin Gala. ¡El Divino Dalí! Excelso para
muchos, un farsante para otros.
Viviendo yo en Girona, allá por los años 1978 y 1979, fueron
varias las visitas que hice al Museo Dalí en Figueres. En ocasiones seguía
hasta Portlligat para tomarme una cerveza en un bar en lo alto. Desde su terraza casi podía tocarse la residencia del pintor.
Algunas veces vi como daba comida a los gatos que merodeaban por allí; otras
como, envuelto en una bata grana rayada de negro, se acercaba a la ventana y
movía la persiana; y las más me conformaba
con la contemplación de los huevos gigantes del tejado o el bello azul de la cala al pie de la casa.
Era (y es) para mí un icono de la pintura, un virguero de la
literatura, un rebelde burgués, un tímido chulo, un amante platónico, un
mundano espiritual, un lógico surrealista, un pueblerino universal. Todo menos vulgar y gregario. Ni el gran jefe
del surrealismo, Andre Breton, consiguió mantenerlo en su redil. Su talento le permitió con su arte
hacer armónico lo inconexo, y con su vida un juego del escándalo sin agravio.
Es inevitable que un personaje de tal índole se haga acreedor de
lisonjas y críticas. Estoy persuadido de que Salvador Dalí las confundía y obviaba:
su mundo imaginativo y onírico no tenía cabida para juicios populares.
Y termino con el mío:
admiro su dibujo, venero su pintura, alabo su ingenio, disfruto su
literatura y me seduce su persona. ¡Y su fotografía!
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