EL PERFUMISTA
En mi estancia en el Cairo, y después de visitar las Pirámides, ya en el autobús que nos transportaba al hotel, nuestro compañero de viaje Miguel Blanco nos sugiere una parada en el camino: ir a ver a un maestro espiritual que ve el aura de las personas. Mi escepticismo a este tipo de vendedores de humo es grande pero, ante la insistencia de Miguel, accedo.
Nada más llegar a la entrada del establecimiento, nos recibe un hombre moreno, con grandes ojos negros y bigote: es Gamal, que con sonrisa afable nos invita a pasar. Una vez cruzado el umbral de la puerta mi imaginación me transporta a la infancia, cuando en las primeras lecturas me adentraba en los cuentos de “Las mil y una noches“. El lugar era mágico. Una sala con decoración típica árabe, sofás y mesas para tomar el té, la parte superior de las paredes eran vitrinas llenas de cientos de frascos de cristal con aceites y perfumes perfectamente alineados.
Ya en el recinto acomodados, Gamal comienza hablándonos de reiki, de los siete chacras, nos cuenta que su infancia transcurrió en la zona adyacente a las pirámides de Gizah, que también estuvo algunos años viviendo en el Sinái. Su familia era de campesinos beduinos dedicados al cultivo de plantas para la producción de aceites aromáticos. Los textos para la confección de éstos se encontraron en las pirámides y templos de Dendera y Saqqaha.
Iba comentando del pasado, presente y futuro de los que allí nos encontrábamos: a uno sobre la muerte de su madre; a una pareja de recién casados les acierta en algo que les tenía afligidos. Algunos, de la emoción, emitían sollozos. De repente, alguien sugirió que estos comentarios eran mejor hacerlos en privado; a si que terminó la charla y se pasó a la compra de perfumes.

Ya en la habitación del hotel pensaba que si la mayoria de nosotros utilizamos entre el 10 y el 15% de la capacidad de nuestro cerebro, que si el sentido del olfato es el que siempre perdura en nuestra mente; quizás Gamal, en el Cairo, en aquellas madrugadas sin fecha y noches donde la luna agoniza con indulgencia, haya trabajado y conseguido elevar ese porcentaje.




