Con aire de hombre

paseaba el joven
lleno de temor.
todo bajo su vista
vulgaridad rezumaba.
Los libros no cargó,
todo probar quiso.
vistió otras sedas
y comió otros panes,
durmió otros sueños
y sesteó otras tardes,
conoció otros puertos
y pilotó otras naves,
estrechó otras manos
y aspiró otros aires,
adoró otros dioses

Gustó otros vinos
y cautivó otras almas,
tomó otros cuerpos
y enjugó otras lágrimas,
bebió otros senos
y buceó otras aguas,
escribió otros versos
y conoció otras palabras…
el engaño y la bondad
en él penetraron,
la nostalgia y el ardor
nunca se aquietaron,
y la idea del retorno
a su ser asomaron.
Partió en la mañana.
Siempre partidos en dos. Si no que me lo digan a mí. Demasiada vida enriquece pero también destroza.
ResponderEliminarMuy bonito poema.
Abrazos
Encontrar el equilibrio es mérito de cada uno, dentro de sus circunstancias y del impulso interior que sienta. Me agrada que te haya gustado y te agradezco su lectura. Abrazos.
EliminarPara volver, quizás, a Ítaca, cargado de riquezas. Almas, lágrimas y otros cuerpos. Cómo me gusta eso. Como todo quiso probar. Y hasta unas gotitas de nostalgia he sentido, con ese mundo por descubrir y esa maleta.
ResponderEliminarPartió a la mañana. Esperemos que regrese.
Un abrazo.
Mi Ulises está basado en hechos reales... Se acomodó en los brazos de su Penélope y nunca volvió a tomar la maleta. El juvenil arranque se amortiguó hasta anularse y sólo queda el anecdotario que de vez en cuando me relata, porque en papel no ha puesto ni un renglón.
EliminarUn abrazo.
La huella desnuda en la arena de una playa, el punto de origen de la vida terrestre. Adán se tuvo que sentir igual, como si fuera un dios que va creando con su mirada de recién nacido todo cuanto su camino le lleva
ResponderEliminarEl punto de origen, dafd, y en muchos casos del eterno retorno. Adán dejó muy marcadas sus huellas, mas él nunca volvió sobre ellas... hizo camino.
EliminarAgradecido abrazo.