19 septiembre 2015

El retorno


Con aire de hombre
y afán triunfador
paseaba el joven
lleno de temor.

 Era el protagonista
de su historia rara,
todo bajo su vista
vulgaridad rezumaba.

 Con su maleta salió
a conocer el mundo, dijo.
Los libros no cargó,
todo probar quiso.

 Atravesó otros ríos
y pisó otras calles,
vistió otras sedas
y comió otros panes,
durmió otros sueños
y sesteó otras tardes,
conoció otros puertos
y pilotó otras naves,
estrechó otras manos
y aspiró otros aires,
adoró otros dioses
y cruzó otros mares…
Gustó otros vinos
y cautivó otras almas,
tomó otros cuerpos
y enjugó otras lágrimas,
bebió otros senos
y buceó otras aguas,
escribió otros versos
y conoció otras palabras…

 El amor y el hambre
sus adentros conocieron,
el engaño y la bondad
en él penetraron,
la nostalgia y el ardor
nunca se aquietaron,
y la idea del retorno
a su ser asomaron.

 Tomó la maleta
y refrescó su cara.
Partió en la mañana.

06 septiembre 2015

Lluvia de verano

Ahora que los días se acortan, los uniformes empiezan a manar de los autobuses y el ruido de las hojas secas comienzan a oírse bajo los pies, aquí va un pequeño recordatorio de algunas cosas que despedimos con el verano.


Hubo olas de calor, pero también momentos de frescor. Nada huele como las gotas de lluvia en un día de verano.


En verano la vida sigue, pero su paso irremediable se siente más lento.


Con el otoño llegan los ocres. El rojo complementa al amarillo, naranja y cientos de tonalidades de marrón cubren el paisaje, pero nos despedimos de los contrastes.

La lluvia de verano parece que para el tiempo, pero sus consecuencias son muy efímeras.

Adiós calor, adiós color. Bienvenida rutina, bienvenido Septiembre.

03 agosto 2015

Ensimismado


 

 He estado
perdido en mis pensamientos.

 He oído
tu voz murmurando.

 He sentido
el calor de tu abrazo.

 He recorrido
tu cuerpo imaginado.

 He visto
asomar el pasado.

 He tenido
tus manos, mi alma acariciando.

 He sufrido
veloz, el transcurrir de los años.

 He recordado
tu vida, ¡tus dieciséis años!

19 julio 2015

Las leyes del parque

Se acercan las vacaciones. Tiempo de que mi hija Jueves se mezcle con la fauna galaica.

En Escocia, como en todas partes, cada parque tiene sus normas no escritas. Normas que los niños acatan por instinto. Las colas son sagradas, independientemente de la edad del pequeño. Si saben andar, saben guardar cola. No hay gritos (salvo accidente o extirpación prematura del tobogán) y el compañero de juegos se elige más por consanguinidad que edad.

España, para un pequeño recién llegado, es la jungla. Para mí también. Hay una anécdota que ilustra mi preocupación. En las últimas vacaciones en España, Jueves se tropezó con un Gilipollas. Tendría unos seis años (el doble que Jueves) y no es que se saltase las colas, es que disfrutaba apartando a otros niños por la fuerza. Sus ojos destilaban insolencia. Jueves suele ser muy buena resolviendo conflictos, así que al principio le dejé hacer. Pero no encontró antídoto contra el listillo ibérico. Me dirigí al niño y le advertí que tendría que avisar a su madre. El contestó "¿Y si es padre qué?". Me quede sorprendida y le dije que no entendía por qué iba a ser diferente, pero un vistazo al tipo me aclaró la duda. Es de los que cargan contra cualquiera que ose darle trabajo. No me va a hacer caso. Cambié la táctica.

En lo alto del tobogán, el Gilipollas se regodea taponando la bajada. Mi hija me mira. El renacuajo disfruta de antemano nuestra cívica impotencia. Ignoro su mirada y, bien alto, digo a Jueves "No te preocupes, puedes hacerle daño, que este niño es malo". El se gira y se fija en mi pequeña. Espaldas anchas, aleonada melena rubia y mirada impasible. Quince quilos de sólida vikinga. El niño se deslizó por la pendiente y no volvimos a saber de él.

El farol salió bien (ella no le hubiese tocado). La anécdota puede tener su gracia. Pero quedé con mal cuerpo. Porque la malicia mancha, contamina, se pega. Ese día me di cuenta de que exponer a diferentes culturas es, también, exponer a diferentes tipos de suciedad.

08 julio 2015

Cuando te contemplo


 

Cuando te contemplo,

mar,

me hablas de la perfección.

 

Olas o palabras

llegan hasta mí

rotas por el viento,

recordando el fin.

 

Energía blanca

de salada espuma,

cabalgando el rizado

de tus mareas bravas,

dibujando el horizonte

de tenue existencia

y salpicando al aire

las veleidades vanas.

 

Un día iré a ti,

mar,

y cuando asido a tus aguas,

vea la orilla alejar

ya la nada será el sentir.