Llevé la cámara de casualidad. Por aquello de conservar el recuerdo de un día de sol.
La familia salimos de casa con la única intención de comprobar si era cierto que la mejor pizza del Reino Unido se sirve en un pueblo de menos de ochocientos habitantes perdido en las Tierras Altas de Escocia. Llegamos hambrientos y, aún así, saqué la lente antes que el tenedor.
Esto es Cromarty, en la Black Isle, o Isla Negra, que en realidad es una península no particularmente oscura. Lo que se ve al fondo son pozos de petróleo olvidados. Tan olvidados que lo único que he conseguido averiguar salió de la charla de un cliente del restaurante, un antiguo ingeniero que los recordaba funcionar.
Fue una sorpresa descubrir un pueblo anclado en otro tiempo. Armonioso. Oliendo a salitre. Donde ni siquiera las olas rompen el silencio.
Desde que llegué a las Tierras Altas me llama la atención la cantidad de estampas que, fuera de contexto, no sabría si son escocesas o gallegas.
El Mar del Norte acaricia casi cada curva de este pequeño pueblo.
He de volver. Han quedado muchas imágenes en mi recuerdo que la lente no pudo guardar. La fama de la pizza es justificada, así que no ha de ser difícil.
04 abril 2016
26 marzo 2016
Reflexión
del que ya
absolución no quiero
y la solidaridad
virtud
que fui perdiendo con el tiempo,
mas lo qué ahora soy
más de mí dice lo cierto
que fui perdiendo con el tiempo,
mas lo qué ahora soy
más de mí dice lo cierto
y más conforme me
deja
al contemplar mi
reflejo.
Honores que otrora
fueron
para mí noble
sustento
,
,
hoy, desperdigados
por el suelo,
son añicos (que
olvidar deseo)
de bajo valor y
mucho peso:
calderilla del
momento.
Quiero mi alma
ligera
que vuelo ligero
pretendo,
pues la luz del
conocimiento
igual ilumina al
paria
que al señor del reino.
que al señor del reino.
17 marzo 2016
La escuela bosque y la disciplina positiva, una historia personal
No creo en las recetas de educación, así que esto no va a ser una. Solo es un relato de lo que he aprendido con el cambio de escuela infantil de mi hija.
Jueves empezó la guardería en Glasgow, donde recibía una educación tradicional dentro del método Reggio Emilia que se aplica en toda Escocia. Clases de idiomas, baile, lectura, acceso a ordenadores, actividades con pantallas táctiles, etc. En cuestión de disciplina, aplicaban lo que en España llaman "rincón de pensar". Aquí le dicen "time out", o tiempo muerto. Consiste en que, si un niño causa problemas, le explican lo que ha hecho y lo llevan a una habitación sin ruidos ni distracciones hasta que se calme.
Cuando llegamos a las Highlands, la niña acabó en lo que se ha dado en llamar "forest kindergarten" o escuela bosque. No hay tecnología, ni actividades programadas a no ser que los niños las pidan y se pasa el mayor tiempo posible al aire libre, a veces en un bosque cercano donde han hecho fogatas, cabañas de palos, etc. En cuanto a la regulación del comportamiento, tienen un cuadro donde, cada vez que hacen algo bueno (ayudar, atender, etc), ascienden. Del arco iris al Sol, del Sol a las estrellas y, si llegas a las estrellas, te imprimen un certificado. Cuando un niño se porta mal, se da una charla a todos para explicar por qué no debe repetirse.
Cuando conocí la escuela bosque, casi me emocioné. Era como si hubiesen hecho una lista con todas mis fantasías de infancia y las hubiesen hecho realidad. Las profesoras eran muy agradables y con años de experiencia en el centro. A la niña también le gustó. Seis meses más tarde, la impresión es distinta.
En general, veo varios problemas. El primero es que tanto aire libre y juego libre acaba en una barra libre de microbios y suciedad que deriva en bastantes más enfermedades. Esto es algo común a todos los centros de este tipo.
Aunque la niña tiene un mayor interés por jugar en la calle, pintar y las manualidades que antes, se aburre. Si en la otra escuela jugaba diez veces al pilla-pilla y después iba a hacer dibujos para aprender los colores en español, en esta juega al pilla-pilla treinta veces y (si quiere) hacen un dibujo que nadie mira si no lo trae a casa. La niña (a la que le encantan los libros) llegó a las Highlands con varias letras aprendidas, gracias a un uso responsable de la pantalla táctil del aula. Ahora, a pesar de un enorme interés, apenas sabe escribir su nombre sola, pero por memoria, no entendimiento. Sus nuevas maestras creen que es extraordinario. Entiendo que no hay prisa en que un niño aprenda a leer y que da igual que lo haga a los tres que a los seis años, pero este caso es alguien que quiere y a quien no se le facilita el aprendizaje. Sospecho que "juego libre" es otra forma de decir que las cuidadoras trabajan menos.
Pero la mayor diferencia entre centros está en la disciplina. El método no es igual en todas las escuelas bosque, pero merece mención porque no me esperaba la diferencia. Cuando Jueves iba a una guardería con el sistema de tiempo muerto, había un niño que causaba problemas. Si surgía un conflicto, Jueves, si no lo resolvía sola, sabía que una cuidadora ayudaría. Ahora, con menos de la mitad de niños, sé el nombre de al menos tres jíbaros. La niña muchas veces no va a las profesoras porque no siente que eso resuelva nada. Hace unos días, dos niños la insultaron y, en lugar de ir a una cuidadora, hizo campamento junto al guardarropa para hablar directamente con las madres. Afortunadamente se cansó antes de que llegasen. Con respecto al cartelito de arco iris, ya me explicó ella: "Si te ven compartir un juguete eso sube uno. Ayudas a ordenar la clase al final del día y es otro (pero sólo al final del día porque sino no te ven y no cuenta). Después te sientas quieta mientras la profesora lee un cuento y ya son tres cosas y te dan el certificado". Así, como una máquina expendedora. Un juego que pronto aburre.
En resumen. Creo que es bueno que mi hija tenga la experiencia de ir a una escuela bosque, pero por lo que ha aprendido de sí misma por contraste con la anterior. Si no la he cambiado de centro es porque cuando llegamos a la ciudad no había plazas en la otra y ahora queda poco para que empiece el colegio. Sólo recomendaría una escuela bosque para niños muy inquietos a los que no les guste ninguna asignatura académica ni sean enfermizos.
Jueves empezó la guardería en Glasgow, donde recibía una educación tradicional dentro del método Reggio Emilia que se aplica en toda Escocia. Clases de idiomas, baile, lectura, acceso a ordenadores, actividades con pantallas táctiles, etc. En cuestión de disciplina, aplicaban lo que en España llaman "rincón de pensar". Aquí le dicen "time out", o tiempo muerto. Consiste en que, si un niño causa problemas, le explican lo que ha hecho y lo llevan a una habitación sin ruidos ni distracciones hasta que se calme.
Cuando llegamos a las Highlands, la niña acabó en lo que se ha dado en llamar "forest kindergarten" o escuela bosque. No hay tecnología, ni actividades programadas a no ser que los niños las pidan y se pasa el mayor tiempo posible al aire libre, a veces en un bosque cercano donde han hecho fogatas, cabañas de palos, etc. En cuanto a la regulación del comportamiento, tienen un cuadro donde, cada vez que hacen algo bueno (ayudar, atender, etc), ascienden. Del arco iris al Sol, del Sol a las estrellas y, si llegas a las estrellas, te imprimen un certificado. Cuando un niño se porta mal, se da una charla a todos para explicar por qué no debe repetirse.
Cuando conocí la escuela bosque, casi me emocioné. Era como si hubiesen hecho una lista con todas mis fantasías de infancia y las hubiesen hecho realidad. Las profesoras eran muy agradables y con años de experiencia en el centro. A la niña también le gustó. Seis meses más tarde, la impresión es distinta.
En general, veo varios problemas. El primero es que tanto aire libre y juego libre acaba en una barra libre de microbios y suciedad que deriva en bastantes más enfermedades. Esto es algo común a todos los centros de este tipo.
Aunque la niña tiene un mayor interés por jugar en la calle, pintar y las manualidades que antes, se aburre. Si en la otra escuela jugaba diez veces al pilla-pilla y después iba a hacer dibujos para aprender los colores en español, en esta juega al pilla-pilla treinta veces y (si quiere) hacen un dibujo que nadie mira si no lo trae a casa. La niña (a la que le encantan los libros) llegó a las Highlands con varias letras aprendidas, gracias a un uso responsable de la pantalla táctil del aula. Ahora, a pesar de un enorme interés, apenas sabe escribir su nombre sola, pero por memoria, no entendimiento. Sus nuevas maestras creen que es extraordinario. Entiendo que no hay prisa en que un niño aprenda a leer y que da igual que lo haga a los tres que a los seis años, pero este caso es alguien que quiere y a quien no se le facilita el aprendizaje. Sospecho que "juego libre" es otra forma de decir que las cuidadoras trabajan menos.
Pero la mayor diferencia entre centros está en la disciplina. El método no es igual en todas las escuelas bosque, pero merece mención porque no me esperaba la diferencia. Cuando Jueves iba a una guardería con el sistema de tiempo muerto, había un niño que causaba problemas. Si surgía un conflicto, Jueves, si no lo resolvía sola, sabía que una cuidadora ayudaría. Ahora, con menos de la mitad de niños, sé el nombre de al menos tres jíbaros. La niña muchas veces no va a las profesoras porque no siente que eso resuelva nada. Hace unos días, dos niños la insultaron y, en lugar de ir a una cuidadora, hizo campamento junto al guardarropa para hablar directamente con las madres. Afortunadamente se cansó antes de que llegasen. Con respecto al cartelito de arco iris, ya me explicó ella: "Si te ven compartir un juguete eso sube uno. Ayudas a ordenar la clase al final del día y es otro (pero sólo al final del día porque sino no te ven y no cuenta). Después te sientas quieta mientras la profesora lee un cuento y ya son tres cosas y te dan el certificado". Así, como una máquina expendedora. Un juego que pronto aburre.En resumen. Creo que es bueno que mi hija tenga la experiencia de ir a una escuela bosque, pero por lo que ha aprendido de sí misma por contraste con la anterior. Si no la he cambiado de centro es porque cuando llegamos a la ciudad no había plazas en la otra y ahora queda poco para que empiece el colegio. Sólo recomendaría una escuela bosque para niños muy inquietos a los que no les guste ninguna asignatura académica ni sean enfermizos.
12 marzo 2016
Vivendo en congreso
Don Mariano es un padre tradicional, distante, amigo de sus amigos y poco o nada dado a preocuparse de las andanzas de los demás miembros de la familia.
Sancha es la madre. Se casó muy joven, sin saber muy bien lo que hacía. Sueña con los años perdidos, cuando los obreros aún le lanzaban piropos, cuando las responsabilidades no la ataban. A veces el papel de matriarca le queda grande, pero tiene fe y cree que, con paciencia, tesón y sonrisas, la familia seguirá unida. Aunque Don Mariano es el que corta el bacalao, es tan distante que todos la consideran como la verdadera cabeza. Se siente sola, pero lo intenta compensar pasando todo el tiempo que puede hablando con sus hijos y conociendo a gente fuera de casa.
Sancha tiene dos hijos. El pequeño, Pablito, es muy listo. Su pujante adolescencia lo envuelve en constantes cambios de humor y hace que se rebele ferozmente contra todo lo que sus padres representan. Cree que no le entienden, los ve débiles y no ve la hora de zafarse de ellos. Los odia, porque sabe que son los que mandan. Sancha cree que podría llegar muy lejos si se aplicase. Ve en él la juventud que ella hubiese disfrutado si la realidad de la madurez, con sus hipotecas, obligaciones con parientes europeos, etc no la aferraran a un gris presente. Así, aguanta el chaparrón a la espera de que al pequeño se le pase la edad del pavo.
El hijo mayor, Albert, es el único que ayuda a Sancha a aliviar su soledad. Un chico respetuoso, educado, formal y aplicado. De los que cuando le preguntaban de niño a quien quería más, si a papá o a mamá, siempre contestaba "a los dos igual". Hace lo que puede por que todos se lleven bien entre ellos, lo que multiplica el rencor y los celos que su hermano siente hacia él. Como cualquier hijo, sueña con vivir su propia vida, lejos de sus padres, pero es consciente de su edad y acepta que el momento de volar aún no ha llegado.
Como buena familia española, viene con abuelos. Bueno, abuelos maternos, la familia de Mariano hace tiempo que se fue. La abuela Carmena, tiene especial debilidad por Pablito. Su rebeldía le recuerda su juventud y la de Sancha, así que le consiente todo y hasta le da algún aguinaldo para sus vicios. Intenta interceder por él pero, como cualquier abuela, no puede evitar mimarlo. El abuelo Villarejo es otra cosa. Es más adusto, más directo y no duda en censurar las faltas de Pablo, como si la autoridad que hace tiempo perdió con los hijos alguna vez hubiese existido con los nietos.
Sancha es la madre. Se casó muy joven, sin saber muy bien lo que hacía. Sueña con los años perdidos, cuando los obreros aún le lanzaban piropos, cuando las responsabilidades no la ataban. A veces el papel de matriarca le queda grande, pero tiene fe y cree que, con paciencia, tesón y sonrisas, la familia seguirá unida. Aunque Don Mariano es el que corta el bacalao, es tan distante que todos la consideran como la verdadera cabeza. Se siente sola, pero lo intenta compensar pasando todo el tiempo que puede hablando con sus hijos y conociendo a gente fuera de casa.
Sancha tiene dos hijos. El pequeño, Pablito, es muy listo. Su pujante adolescencia lo envuelve en constantes cambios de humor y hace que se rebele ferozmente contra todo lo que sus padres representan. Cree que no le entienden, los ve débiles y no ve la hora de zafarse de ellos. Los odia, porque sabe que son los que mandan. Sancha cree que podría llegar muy lejos si se aplicase. Ve en él la juventud que ella hubiese disfrutado si la realidad de la madurez, con sus hipotecas, obligaciones con parientes europeos, etc no la aferraran a un gris presente. Así, aguanta el chaparrón a la espera de que al pequeño se le pase la edad del pavo. El hijo mayor, Albert, es el único que ayuda a Sancha a aliviar su soledad. Un chico respetuoso, educado, formal y aplicado. De los que cuando le preguntaban de niño a quien quería más, si a papá o a mamá, siempre contestaba "a los dos igual". Hace lo que puede por que todos se lleven bien entre ellos, lo que multiplica el rencor y los celos que su hermano siente hacia él. Como cualquier hijo, sueña con vivir su propia vida, lejos de sus padres, pero es consciente de su edad y acepta que el momento de volar aún no ha llegado.
Como buena familia española, viene con abuelos. Bueno, abuelos maternos, la familia de Mariano hace tiempo que se fue. La abuela Carmena, tiene especial debilidad por Pablito. Su rebeldía le recuerda su juventud y la de Sancha, así que le consiente todo y hasta le da algún aguinaldo para sus vicios. Intenta interceder por él pero, como cualquier abuela, no puede evitar mimarlo. El abuelo Villarejo es otra cosa. Es más adusto, más directo y no duda en censurar las faltas de Pablo, como si la autoridad que hace tiempo perdió con los hijos alguna vez hubiese existido con los nietos.
24 febrero 2016
Libertad
Eres atractiva y femenina,
tentadora y propensa al enredo.
Seduces a distancia,
de cerca, a muchos, das miedo.
Imprescindible para el arte
y verdad del hombre verdadero.
Amarte es a otros amar
y poseerte es sofisma certero.
Goce y dolor te alimentan,
de la vida buena eres sustento.
Juega contigo el político
y contigo especula el maestro.
Codiciada por el plebeyo
y para el señor, falaz concepto.
Dúctil en tus formas,
te muestras y escapas al tiempo.
Exiges, comprometes, hieres,
pues segura estás de ser valor viejo.
Como ira y trueno a veces llegas
y te desvaneces en alto techo.
No te alcanzo pero te siento
¡Libertad, eterno anhelo!
tentadora y propensa al enredo.
Seduces a distancia,
de cerca, a muchos, das miedo.
Imprescindible para el arte
y verdad del hombre verdadero.
Amarte es a otros amar
y poseerte es sofisma certero.Goce y dolor te alimentan,
de la vida buena eres sustento.
Juega contigo el político
y contigo especula el maestro.
Codiciada por el plebeyo
y para el señor, falaz concepto.
Dúctil en tus formas,
te muestras y escapas al tiempo.
Exiges, comprometes, hieres,
pues segura estás de ser valor viejo.
Como ira y trueno a veces llegas
y te desvaneces en alto techo.
No te alcanzo pero te siento
¡Libertad, eterno anhelo!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





