09 febrero 2016

El adiós

Al beso sigue el batir
de la puerta en la mañana
y el golpeteo escalonado
de la tristeza descendiendo
hasta el portal. Y el frío…

Una mancha acerada cubre
la calle de soledad empedrada,
ocupada por figuras sin nombre
ajenas al adiós mendicante
de mi efigie helada:
a cada esquina, a cada charca,
al mendigo de faz alargada,
al sempiterno can de flaca tripa
y patas largas,
al vigilante de coches y
al camarero de camisa blanca.

Todo es como ayer
cuando yo pasaba,
mas otra mañana es hoy
y otro aire se derrama,
otro latir en el pecho
sin llamas, pero que abrasa.

03 febrero 2016

Cazando monstruos agitados y con hielo

La cosa empezó por la nueva guardería de mi hija Jueves. Parte del plan de estudios es la Educación para la Ciudadanía -va en serio-. Para ser un ciudadano escocés hay que entender qué es Escocia. En Glasgow lo hacían llenándose la boca de haggis, Irn Bru sin azúcar y galletitas de mantequilla "shortbread". Pensé que en las Highlands sería lo mismo, pero me equivoqué. Primer día en clase y el título es "El monstruo del Lago Ness ¿Realidad o ficción?". Y Jueves sin saberse la lección. Llega el Sábado.

- Kitboy, hay que ir al Lago Ness, que mi niña no puede ser la única de la clase que no se ha formado una opinión sobre el terreno.
- ¡¿Pero tú sabes el frío que hace?!
- ¡Que no puede ser la única, hombre!

Bienvenidos al Lago Ness.

El Lago Ness es un nido de turistas, con caravanas de autocares casi todo el año. Pero en Enero a -1 grados, sólo quedamos los más insensatos. Sé lo que digo. Camino al castillo de Urquart -una de las paradas más famosas-, en medio de una curva cerrada, antes de una cuesta abajo empinada y con cuneta llena de hielo, vemos un grupo de turistas en todo su esplendor, palo de selfies incluido, a un volantazo de ganar el Premio Darwin.

Castillo de Urquart
El castillo será bonito, pero esto es lo máximo que nos pudimos acercar porque la encargada decidió que vender entradas a temperaturas negativas no era lo suyo y cerró el kiosco pronto. Al salir volvimos a ver al rebaño de turistas. Esta vez Jueves los oye.

- ¡Mamá! ¡Hablan ezpañol!
- Sí, dejando el pabellón nacional alto, hija.
- ¡Hablan ezpañol como loz abueloz! Zi loz abueloz viniezen ¡podrían hablar con elloz!
- Dudo mucho que los abuelos quisieran acercarse...

Había dos asiáticos, pero esos sólo sacaban fotos y hablaban bajito.

El museo del Lago Ness también estaba cerrado por helaciones. Fue una pena, porque Jueves necesitaba repasar conceptos. Mirando la estampa de abajo, le preguntamos dónde vivía Nessie.

-¡Ahí!
-Eso es la montaña. Nessie vive en el lago. A ver, prueba otra vez.
-¡Ahí!
-A ver, que es el monstruo del Lago Ness mujer, el Lago Ness.
-¡Que no! ¡La profezora me enzeñó una foto y tenía una montaña!
-¡Con un lago debajo!
-No

Al final la convencimos de que mirase al agua y, cuando encontré una ola un poco movida le pregunté si creía que eso sería Nessie nadando. Se dio por satisfecha.

Sé que hay niños en la guardería que no creen en Nessie, que lo científico y honesto sería admitir que sólo hay pruebas de su no existencia. Pero ¿Y lo que farda decir que eres vecina de uno de los monstruos más famosos del imaginario popular junto con el Yeti y Bigfoot? Eso a Jueves no se lo quito. Además, hacía demasiado frío para volver a casa con las manos vacías.

18 enero 2016

Merkel no lleva rastas

El espectáculo de la semana pasada en el Congreso no me interesa demasiado. Cada uno ha hecho lo que les han votado para hacer. Lo que me preocupa es en lo que ha degenerado la innegable necesidad de renovación.

Durante décadas en España se ha votado alternando entre rojos y azules según quién diese menos asco. En estas elecciones todo cambió. Se han visto debates broncos, se han leído programas panfletarios y, finalmente, se votó entre rojos, azules, morados y naranjas según quién diese menos asco.

Lo que me preocupa de esta legislatura es que, cuando el polvo de la reyerta se disipe, vendrá el lodo de gobernar. PSOE, Ciudadanos, Podemos e IU son dirigidos por personas que hace dos años casi nadie conocía. Rivera y Sánchez estaban uno calentando banquillo regional y el otro de concejal suplente. Iglesias hubiese vendido a su abuela por un contrato de cuatro años como el que tienen ahora. Garzón es el listo, porque ha pisado el Congreso antes. El único líder de partido que tiene idea de lo que supone ostentar un cargo de responsabilidad es Rajoy, y ya vemos cómo se le da. Esto no es nueva política, es política hecha por novatos.
No es una especulación muy salvaje creer que, en el momento en que cualquiera de ellos tenga que hablar con Hollande, Cameron o Merkel, su primera reacción será correr al retrete más cercano.

Pero, a veces, lo que no consiguen los intereses políticos comunes se gana con empatía. Una charla en el descanso del cigarrillo o una situación análoga de los hijos puede abrir hueco en la agenda. Otro escollo. Hollande no juega a baloncesto. Cameron no viste de Alcampo. Merkel no lleva rastas.

Nuestros viejos políticos tienen más que merecido la repulsión e incomodo que el nuevo desembarco les causa, porque son sus actitudes las que han abierto las puertas del circo. Pero, si la mayoría de nosotros vota a disgusto, ya no se puede decir que tengamos los gobernantes que nos merecemos. Este rebaño llamado España hace mucho que necesita un pastor, pero aguanta con ajo, agua y perros ovejeros.

¿Cómo saldremos de esta? Mi predicción para el 2016 es que se nos va a hacer largo, caótico e impredecible. Ojala saquemos de esta experiencia las enseñanzas más apropiadas, sean cuales sean. Este año toca aprender.

28 diciembre 2015

Solsticio de tristeza

Menos mal que el solsticio de invierno ya paso, porque sigo en estado semicatatónico.

Hace unos días mi cabeza se planto en huelga de mínimos, así que me fui a los técnicos y les quite del escritorio el trabajo más monótono que tenían, pasar las imágenes de los pacientes del TAC donde fueron tomadas al ordenador donde se va a diseñar su tratamiento de radioterapia y, una vez en el, delinear los órganos más sensibles. Lo de delinear órganos de riesgo me recuerda mucho a esos libros de colorear para adultos que tan de moda están últimamente. Para mi, después de años de practica, es relajante y algo que se puede hacer sin pensar. Pero abro el TAC de uno de los pacientes de pinta y colorea y tiene un aspecto muy raro. Voy al cajón donde se guardan los historiales. Efectivamente, leyendo sus notas se ve como es posible que sobreviva, pero también que esta persona daría todo lo que tiene por que un tumor maligno fuese su único problema. El médico que documenta la historia ha sumado a la cascada de tecnicismos de siempre palabras de compasión y se ve que hace un gran esfuerzo por mejorar la vida del paciente con algo más que la eliminación de la enfermedad. Sentí un nudo en la garganta. Empezó a costarme respirar. Primero fue por lo que leía, después, por algo peor. Sorpresa. Sorpresa de darme cuenta que llevaba meses, quizá años, sin pensar en mi trabajo más que como una responsabilidad, papeles que cubrir o, en los mejores días, un puzzle a resolver. Después de un largo invierno denunciando que mis antiguos gestores habían matado su vocación a golpe de hojas de calculo y bases de datos, descubrí que la mía había estado en coma. El despertar dolió, como solo puede doler sentirse vivo.

Supongo que ahora toca comentar si encontronazos con la vida como este nos hacen mejores profesionales. El tópico es que sí, pero creo que depende de las circunstancias. Te hace más consciente, más preocupado y, por extensión, más lento. En tiempos de bonanza no es problema pero, si los pacientes se multiplican y los profesionales se restan, si la calidad se tiene que sacrificar en pro de la cantidad, el corazón puede ser un lastre.

En fin. Felices fiestas. O no. Hay cosas mucho peores que la tristeza.

12 diciembre 2015

Todo es bajo en las Tierras Altas

Mi nueva casa está a 270 km de Glasgow. Por poner las cosas en perspectiva, en Coruña conduces eso y acabas en la frontera con Portugal o en Gijón, según por dónde tires. Desde Barcelona acabas en Carcassonne, Huesca o Castellón de la Plana. Sal de Madrid y llegas a Burgos o Albacete con algo de cambio en el cuentakilómetros. En resumen, la distancia es suficiente para ver un cambio claro.

Desde el comienzo del invierno (marcado por un vendaval que de un golpe dejó los árboles sin hojas), toda la familia hemos sentido la llamada de las matas, o la imperiosa necesidad de no salir de la cama hasta Febrero por lo menos.

Para mí, lo peor de Diciembre no son las bajas temperaturas (aún no hemos visto temperaturas negativas) o que a las tres y media sea de noche. Las fotos que muestro fueron sacadas a mediodía. El solo está tan bajo que parece a punto de ponerse. Las flechas señalan al sol.
Haga buen tiempo o no, vivimos en un anochecer continuo. La lluvia no se evapora, la gente no se despierta y mi reloj de pulsera solar se recarga con la lámpara de la mesilla de noche. Mientras que más al sur pedimos jornadas cortas en verano prometiendo recuperar la productividad en los meses fríos, en las Highlands el sueño es echarse a dormir hasta que el sol vuelva a ponerse a las once de la noche.

Barómetro
No sólo los días son más pequeños que en la cálida Glasgow, la gente también. En contra del tópico de que los europeos del norte son todos torres, llegar a las Highlands ha supuesto que, por primera vez en dos décadas, no me sienta pequeña. Además no es sólo mi impresión. Algo que nunca ha faltado en mis trabajos ha sido un viejo barómetro de pared. Antiguo y coñazo, pero tan sólido que ni en la era digital se tira. Para leerlo hay que poner los ojos a la altura de una gotita de mercurio, así que suele colgarse con ésta a la altura del trabajador medio (o del jefe). En mis destinos anteriores he sufrido el choteo de mis compañeros cada vez que leía el trasto subida a una banqueta. Aquí no hay en qué subirse, ni hace falta.

Otro cambio que he notado es que la gente aparenta más joven. En mi primera salida al pub con los compañeros de trabajo las pintas dieron paso a las preguntas indiscretas. Una compañera de Londres se puso a calcular a ojo las edades de los asistentes. Yo coincidía en silencio con sus impresiones. Siempre fallamos en al menos seis años. Supongo que la falta de sol retrasará las arrugas, pero lo que ya no veo es por qué nadie (ahora ni siquiera yo) tienen bolsas bajo los ojos.

Finalmente, aunque siendo española me he acostumbrado en seguida, al venir de Glasgow he notado que donde faltan estatura y arrugas sobran palabrotas.

En fin. También hay diferencias en la arquitectura, el idioma o la comida, pero por hoy ya llega. Las mantas me reclaman. Al menos se acerca el solsticio de Invierno.