20 julio 2016

Crema solar

En estos momentos estamos pasando una ola de calor en las Highlands. Hemos llegado a unos sofocantes 24 grados. Gracias a los larguísimos días nórdicos, hemos cenado en la playa. Hay que aprovechar, porque esto no dura.

La ola de calor me ha recordado una costumbre autóctona que me irrita especialmente: la obsesión por las cremas de protección solar. Entiendo que la lechosa piel de los aborígenes se quema más fácilmente que la mía, pero esto es un despiporre que roza la histeria colectiva.

Las cremas faciales vienen, en su mayoría e independientemente de la época del año, con factor de protección 15, por aquello de que en Diciembre anochece a las tres y media de la tarde y a lo mejor alguien pilla un melanoma. Si buscas, puedes encontrar alguna sin protección, pero hay que buscar.

Definición gráfica del verano escocés.
En la guardería de Glasgow, llegado Marzo nos exigían que llevásemos crema de protección para la niña, por si salía al patio veinte minutos. Se sabía en seguida cual era nuestro bote porque era el único con factor menor de 50. En la nueva guardería es peor, ya que la ponen ellos y los padres no tenemos la opción a decidir qué factor queremos. Ademas interrumpen el juego cada dos horas para echar más, no vaya a ser que ocurra un accidente y metabolicen algo de vitamina D en horario lectivo.

Supongo que leer esto en España en Agosto suena raro. Si estuviésemos allí ahora, nos echaríamos protección. Pero es que hoy es el único día del año que hemos superado los veinte grados y la posibilidad de que sea el ultimo es bastante grande. Ademas, los rayos solares caen mucho mas oblicuos. Mi tolerancia al sol no es especialmente alta y ni echando una siesta en el jardín consigo quemarme.

Cuando voy a Galicia, mi familia y yo reímos de como la gente ve lo que consideramos "cuatro gotas" de lluvia y actúa como si fuesen ácido clorhídrico. Cada vez que sale el sol aquí, me quejo de que el país entero se comporta como si esto fuese Sevilla en Agosto y a mediodía.

No son las Crónicas Vampíricas, sino el anuncio de una crema solar británica

Mañana ya llueve. Tocará ir a las redes sociales a participar en las quejas sobre Boris Johnson o Rajoy, según me lleven los malos vientos. Supongo que esto es la cara oculta del multiculturalismo: poder protestar por el doble de motivos.

05 julio 2016

Corín Tellado



Una vieja revista de fotonovela de Corín Tellado (1927 - 2009) estaba tirada al lado del contenedor de basura. Decolorada, sus arrugas marcaban el medio siglo de antigüedad. Se despertó mi curiosidad por el autor del depósito y la nostalgia de un tiempo ya tan lejano.

No leí ninguna novela de Tellado. El prejuicio de falta de calidad literaria y el calificativo de “rosa” eran motivos suficientes para que nunca un libro suyo estuviera entre mis manos. Sin embargo no puedo decir lo mismo de sus fotonovelas. A mis 14 y 15 años he leído unas cuantas, ignorando si alguna de ellas llevaba la firma de la escritora más leída en España después de Cervantes. En esa edad los prejuicios eran otros. Ver sobre el papel las fotografías de bellas mujeres cortejadas por apuestos varones con diálogos cortos adosados; con ingredientes tan sabrosos como los celos, el engaño de la arpía o la desinteresada entrega de la sincera enamorada, eran material inmejorable para el despertar hormonal del adolescente que entonces era. La concupiscencia implícita y el deseo carnal que aquellos relatos aportaban se diluía como perfume en mi alma inquieta de bachiller, un escape imaginativo en el desbarajuste de mi cabeza infantil, el remanso placentero en una encrucijada de corrientes.
Aquellas revistas (nunca compradas) distraían, estimulaban y transportaban a una vida compensatoria de la infancia pobretona y cuasi sórdida que tantos llevábamos, a una esperanza en el devenir que arrasaría los días de impotencia y sumisión.
Las escenas del chico pulcro y bien vestido  descendiendo del deportivo descapotable ansioso por manifestar su amor a la rica heredera, a la criada perfecta o a la despampanante cínica, me conmovían  y me hacían cautivo de sus páginas... Y con la última, tras un corto periodo de arrobamiento,la burbuja de la fantasía estallaba en el aire y yo volvía a ser el niño del cine de domingo y criatura insignificante y atribulada el lunes, de vida perfilada por sotanas negras y profesores de vara en ristre; el niño de estrecha espalda cargando axiomáticas mentiras que sentía como quincalla pesada...El niño que deseaba estar de nuevo ante otra historia donde las vicisitudes y pugnas de amantes puros, mujeres enamoradas y malévolos terceros a los que solo el egoísmo movía culminara con el triunfo  del amor.





24 junio 2016

Brexit desde Escocia

Durante los últimos meses las televisiones británicas se han llenado de debates sobre las posibles consecuencias de una salida del Reino Unido de la Unión Europea, sin embargo, en Escocia los veíamos como un entretenimiento. Incluso cuando los sondeos daban empate a las dos opciones, vivíamos en una burbuja europeísta que confiaba en que al final reinaría la unidad.

Ayer por la tarde hice mi particular encuesta en el trabajo. No encontré indecisos y sólo una persona admitió votar por la salida de la UE. Pero Escocia apenas suma el 10% del electorado.

Esta mañana, antes de que me diese tiempo a desayunar, David Cameron ya había dimitido y Nicola Sturgeon (la presidenta del parlamento escocés) había hablado con el presidente europeo.

Cuando llegué al trabajo, el ambiente era cercano al pánico. Mi compañera respiraba aliviada porque compró euros para unas vacaciones la semana pasada. Los jefes temblaban contando mentalmente cuantos extranjeros tienen en plantilla. La secretaria que ayer practicaba español conmigo en preparación para retirarse a Andalucía guardaba silencio en ambos idiomas. El que votó por el Brexit está desaparecido y alguno que en el referendum sobre la independencia de Escocia apostó por la unión comentaba que, de haber una segunda oportunidad, cambiaría el voto.

Mi primer pensamiento fue que se encontraría alguna forma de declarar el resultado nulo, como se hizo en los setenta cuando en Escocia ganó la independencia.

Con el tiempo la incertidumbre se disipa. Mi idea de anulación no es válida. El tiempo para negociar los términos de la ruptura es de dos años. Nicola Sturgeon ya tiene cita en Estrasburgo. Entre todos se empezaron a recordar detalles de los debates.

Poco antes de comer, la presidenta de Escocia hace unas clarificadoras declaraciones de menos de diez minutos. Su primera frase es hacia los emigrantes europeos, aseverando que somos apreciados en su tierra. A continuación, comenta que ha empezado conversaciones con Juncker, Londres y los empresarios del país para que sepan que defenderá los intereses económicos y sociales de su electorado. En los próximos días se entrevistará, uno por uno, con los dirigentes de todos los países comunitarios para dejar claro que no queremos la separación y debatir sobre la mejor solución para Escocia. Reconoce los esfuerzos de David Cameron durante los últimos años recordando la dificultad de su labor. Finalmente, confirma que considera que los términos en los que se acordó la unión con el Reino Unido (válidos mientras no haya “un cambio significativo y tangible en las circunstancias en las que se produjo el voto”) quedan invalidados y espera una repetición del referendum antes de dos años.



Mi impresión de momento es que hay dos caminos: un acuerdo que deje al Reino en una situación parecida a la de Noruega o Islandia, o el acuerdo tácito entre las partes de empantanar la negociación del divorcio hasta que se pueda justificar la anulación de este resultado. Viendo que los términos de separación se tendrán que aprobar en Westminster (donde el partido nacionalista escocés tiene representación y más del 65% de los diputados se oponen al Brexit) y que una de las primeras llamadas de Sturgeon ha sido al europeísta alcalde de Londres (con amigos en el congreso), sospecho que esta será la estrategia.

22 junio 2016

Noche de San Juan




Prende la llama que presta está la leña
y quema tu lastre que ya tanto pesa.
Pon luz en la noche, que toda visión es ciega
y observa desde lo oscuro el resplandor de la hoguera. 
Deja libre el pensamiento que ya nada teme 
y déjate ir con el humo que sin norma asciende.
Piérdete en el aire con la rienda suelta 
y mira abajo tu sombra sumida en la tiniebla.

Olvida la leña, la sombra y la hoguera 
que el alba se acerca en altitud incrédula;
sin posibilidad de retorno ni ley cierta,
sin mañana de resaca ni memoria duradera,
pues si en lo alto estás, ya otras manos te gobiernan 
y lo qué fue vivencia festiva y juerga, 
ahora y por siempre, sólo es ceniza y tierra.

17 junio 2016

Sinopsis literaria: Esta no es otra carta más.....

Ayer descubrí el panfleto "Esta no es otra carta más para pedir tu voto". Como va de una expatriada treintañera en el Reino Unido, la leí. Este es mi resumen.

Sus redactores dicen ser de un partido político adalid de los emigrantes. Seguramente hubiesen preferido una historia real, pero el colectivo expatriado apenas sobrepasamos los dos millones de personas, así que no encontraron a nadie. Los autores creen haber compensado esta dificultad creando un personaje basado en una investigación exhaustiva que, visto lo visto, debió consistir en mazarse a capítulos de Marco.

Es una obra confusa. El título dice que no es una carta para pedir el voto, pero es una carta para pedir el voto. Además la historia se pone en boca de una tal Esperanza, que cuenta que el texto es para sus "papá y mamá", pero lo manda a media España.

La protagonista cuenta que hizo Biología Molecular. Eso es como Biología, pero con apellido, que suena más moderna. Además así no la asocias con Anita Obregón ni te recuerda que hace ya décadas que los que buscan trabajo con eso las pasan más canutas que Spiderman en un descampado.

¡Sñiff!
Esperanza tiene treinta años y dice pertenecer a la "generación más preparada de España", pero ha tenido una vida muy dura. Emocionada explica que desde pequeña supo lo que era la ansiedad separacional, ya que lloraba cuando se acababa Espinete y papá y mama, en lugar de no volvérselo a poner, reincidían. Cinco días a la semana a moco tendido, que menos mal que Barrio Sésamo acabó en 1987 y el suplicio le duró menos que los pañales. En serio. Para ella aquello fue tan doloroso, que lo cuenta dos veces. Pero la tragedia no termina ahí. Desde Londres, la mujer suspira tanto por los papás y las sobremesas, como sus contemporáneos mentalmente adultos por formar una familia o pagar las letras del coche. Claro que podría ser peor, podría extrañar el reguetón.

Aunque no elabora, sospecho que la pobre llora tanto la separación de sus padres porque a ellos también les falta un hervor. Por la edad de la chica, sus padres han de rondar los cincuenta años. Sin embargo, según relata emocionada, cuando vivían todos juntos, "papá" contaba "batallitas" y "mamá" le recomendaba que "no aflojase". Esto huele a demencia temprana e incontinencia. Corrobora mi teoria que a la muchacha le da ternura que dos personas de una generación curtida en tecnologías por el mando a distancia de un VHS aprendan a usar Skype y Facebook. Además, toda la familia siente como logros emocionantes cosas como esperar a que Franco muriese de viejo o meter una papeleta en una urna. Lo dicho, una vida forjada en la adversidad.

La carta termina con un poético y evocador "Hace 30 años y 8 meses me pusisteis de nombre Esperanza". Faltó decir "porque Lotería hubiese quedado raro y con estos genes otra cosa no nos salva".

De esta lectura he sacado dos conclusiones. Una, que el horizonte de mi vergüenza ajena aún se podía estirar más. La otra, que voy a solicitar el premio Chuck Norris para los que nos fuimos en los noventa y sobrevivimos hablando con la parentela con cartas a boli o desde una cabina.

Si amplias para leerla es bajo tu propio riesgo.