01 septiembre 2014

La estimulación precoz y el cerebro adolescente

Estos últimos años se ha visto un incremento enorme del interés de los padres de niños sanos en la llamada “estimulación precoz”. El concepto empezó como una serie de juegos y actividades para ejercitar el cerebro o las habilidades motoras de niños con discapacidades, pero a la sombra de esta idea ha crecido una industria dirigida a padres inseguros de niños sin problemas.

Última moda: sin pedales ni ruedines para que aprendan ayer
Internet echa humo con ejemplos de “estimulación precoz”. ¡Tres cómodos pasos para que tu hijo camine!¡Aquí las claves para que coma solo!¡Aprende los juegos que facilitarán tu operación pañal! Y hasta aquí, entiendo la atracción. A nadie nos gusta ser dependientes y seguramente a nuestros hijos tampoco. En familias numerosas cualquier adelanto ayuda. Pero es que no queda ahí la cosa. También hay que desarrollarlos para nadar, leer, andar en bicicleta, hablar idiomas, etc. Mi hija sólo ha vivido dos Septiembres en su vida y el mes pasado nos vino recitando los meses del año. A Dios pongo por testigo que eso no lo aprendió en mi casa.

Los seguidores de este concepto se justifican diciendo que la mente del niño pequeño es más plástica, que el momento de establecimiento de las conexiones neuronales es el ideal para introducir conocimientos, porque se adquieren con más facilidad que en cualquier otro momento de la vida. Se podría usar ciencia para rebatirlo, pero no hace falta. Voy a poner un ejemplo.

Hace unos días, un antiguo compañero de colegio que se mudó a la capital me contaba orgulloso las oportunidades que su hija tenía allí.

-En la guardería tienen una semana al mes en la que les hablan inglés desde el nacimiento. Una gran ventaja. En La Coruña de eso no hay nada y los idiomas son fundamentales.

-Antón, en La Coruña yo fui a una guardería de inmersión lingüística hace más de treinta años.

-¿Ves?¡Y mírate ahora!

-¿Te acuerdas de tu amigo José, de Alejandra y de Marta?

-Si, claro. Hace tiempo que no los veo.

-¿Te acuerdas de cómo se les da el inglés?

- José siempre fue de culo y las otras dos normalitas ¿A qué viene eso?

-Íbamos a la misma guardería.

Todos hemos sido precoces en unas cosas y lentos en otras. Pasado el tiempo, la relación entre cuando empezamos a hacer algo y la capacidad para hacerlo bien es cada vez más débil y a veces hasta inversa. He aquí donde viene la parte sobre el cerebro adolescente -y un poquito de ciencia-.

Si el cerebro del niño es una esponja que no para de absorber, la adolescencia es el momento en que esa esponja se estruja para deshacerse de lastres innecesarios. Nacemos con sólo la mitad de las conexiones neuronales activas. Por eso un recién nacido ve borroso, no sabe mover las manos ni entiende la relación entre de causa y efecto. En los primeros tres años de vida, se establecen la gran parte de las conexiones restantes en un proceso confuso y desquiciante que podría contribuir, en parte, a convertirlos en terremotos. Este es el momento en que los expertos empiezan a estructurar las actividades de quienes tienen discapacidades para encauzarlos de la forma más eficiente y este también es el momento que muchos padres creen el mejor para meter aún más conocimientos a sus hijos.

Pero llegada la pubertad, la mitad de estas conexiones se podan para aumentar la eficiencia. Las que no se han usado en los años previos se desechan en favor de las que se perciben como más útiles o que proporcionan placer. Además la capacidad de planear para el futuro está en la última zona del cerebro en ser podada. Quizá por eso a veces la adolescencia es cuando se abandonan deportes o actividades en las que se han empleado años, porque por primera vez se cuestiona su utilidad o el disfrute que reportan. En el ejemplo anterior, un niño que haya sido expuesto al inglés desde la cuna, pero que lo haya visto en un contexto académico, puede pensar que sólo sirve para aprobar exámenes, desdeñando la parte oral -que usa menos- en favor de otros conocimientos. Mientras, uno que disfrute de visitar países anglosajones o tenga contactos que lo hablan reforzará esta capacidad, aunque la haya adquirido mucho más tarde.

Conexiones nerviosas. Nótese el descenso en la adolescencia (Fletcher 1994)
En resumen, de poco sirve estimular un conocimiento sin inculcar el amor a él. Todas las etapas de crecimiento son igualmente decisivas. La educación de un hijo es una carrera de fondo, no de velocidad, por eso raras veces hay relación entre quién sale en cabeza y quien acaba ganador.

4 comentarios:

  1. Qué interesante! Ahora entiendo muchas cosas... >___<

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    1. Huy, ahora la intrigada soy yo ¿Qué cosas? :-)

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  2. La estimulación tiene una enorme importancia, entonces. Y tal como lo he entendido, todo esto tiene su contrario. El de alguien sin esa estimulación. Buf. A tal persona le será muy difícil superar esa desventaja.

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    1. Pero, al ser necesario que sea continuada en el tiempo y adaptada al niño, al final la única que funciona es la que damos sin darnos cuenta, porque nos gusta o porque estamos muy firmemente convencidos de su necesidad.

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